Rusia se sumó a la creciente controversia internacional en torno al estatus de Groenlandia al cuestionar su vínculo con Dinamarca y señalar que la isla no constituye una “parte natural” del país escandinavo. La intervención del Kremlin se produce en un contexto de tensiones geopolíticas crecientes en el Ártico, una región estratégica por su ubicación y sus recursos naturales.

El canciller ruso Serguéi Lavrov afirmó que la relación entre Dinamarca y Groenlandia responde a una herencia colonial y sostuvo que el debate sobre el futuro del territorio debe analizarse en el marco de la OTAN. Según Moscú, la discusión expone contradicciones internas entre los países occidentales y pone en evidencia disputas de poder dentro de la alianza atlántica.

Las declaraciones rusas se producen luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, reiterara su interés en que Washington tenga un rol dominante sobre Groenlandia, al considerar que su control resulta clave para la seguridad nacional estadounidense. Esa postura generó rechazo en Europa y reavivó un debate diplomático de alto voltaje.

Desde el Kremlin aclararon que Rusia no tiene intención de intervenir directamente ni de reclamar soberanía sobre el territorio, aunque destacaron el impacto político que la disputa está teniendo en las relaciones entre Estados Unidos y sus aliados europeos. Groenlandia, territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, vuelve así al centro de una disputa internacional que combina historia, geopolítica y control estratégico del Ártico.

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