Desde el inicio de su gestión, Rolando “Rolo” Figueroa impulsó un fuerte ajuste del Estado con el objetivo de ordenar las cuentas públicas, reducir privilegios y mejorar la eficiencia de la administración provincial.
Uno de los primeros ejes del plan de gobierno fue la reducción de cargos políticos y la reorganización de los ministerios. La medida buscó achicar la estructura estatal, evitar superposiciones de funciones y disminuir el gasto en puestos jerárquicos, marcando un quiebre con esquemas anteriores de administración sobredimensionada.
En paralelo, la gestión avanzó con la eliminación de subsidios, privilegios y gastos considerados innecesarios. A esto se sumaron controles más estrictos de asistencia y desempeño del personal estatal, que derivaron en la separación de trabajadores con irregularidades detectadas, con el argumento de profesionalizar el empleo público y garantizar que los recursos lleguen donde realmente se necesitan.
Finalmente, el ajuste incluyó el fortalecimiento de las empresas públicas y la revisión de contratos vigentes, con foco en la transparencia y la eficiencia. En ese marco se sancionó la Ley de Ficha Limpia, que establece que solo las personas sin antecedentes judiciales pueden ocupar cargos públicos, reforzando el discurso oficial de austeridad, control y ética en la función pública.






