El fallecimiento del líder supremo iraní fue confirmado por Donald Trump luego de ataques conjuntos de Estados Unidos e Israel. El hecho sacude al régimen y deja abierta la disputa por la sucesión.
Ali Khamenei, máxima autoridad política y religiosa de Irán durante más de tres décadas, murió tras los ataques aéreos realizados en Teherán por fuerzas de Estados Unidos e Israel. La noticia fue confirmada públicamente por Donald Trump, quien aseguró que el operativo impactó directamente en el complejo donde se encontraba el líder iraní.
Horas antes, el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu había señalado que existían “indicios” de que Khamenei no había sobrevivido a los bombardeos. Posteriormente, medios israelíes informaron que ambos mandatarios fueron notificados con pruebas visuales que confirmaban su muerte.
Khamenei ejercía el cargo de líder supremo desde 1989, tras suceder al ayatolá Ruhollah Khomeini. Desde entonces, concentró el poder real del Estado iraní, con control sobre las Fuerzas Armadas, la Guardia Revolucionaria y las principales decisiones estratégicas del país, incluido el programa nuclear.
Su gestión estuvo marcada por una fuerte confrontación con Occidente, el respaldo a organizaciones armadas en la región y una política interna de férreo control sobre la oposición. En los últimos años, además, enfrentó crecientes protestas sociales, especialmente tras la muerte de Mahsa Amini en 2022, que desató una ola de movilizaciones contra el régimen.
Con su fallecimiento, se abre ahora una etapa de alta incertidumbre en Irán. La sucesión no está definida y las distintas facciones del poder religioso y militar deberán acordar quién ocupará el cargo más influyente del sistema político iraní. El desenlace podría redefinir el equilibrio interno del régimen y su relación con la comunidad internacional.






