Tras la muerte del líder supremo iraní Alí Khamenei, comenzaron a salir a la luz detalles sobre una enorme fortuna acumulada durante décadas de poder. Investigaciones periodísticas señalan que el patrimonio del dirigente podría ubicarse entre los 100.000 y 200.000 millones de dólares, una cifra que contrasta con la profunda crisis económica que atraviesa Irán.
El dinero habría sido canalizado a través de una compleja red de empresas, inversiones inmobiliarias y cuentas bancarias en distintos países. Parte de ese capital se habría dirigido a Europa, con propiedades de lujo y desarrollos turísticos vinculados a la familia del exlíder religioso en destinos exclusivos de España, especialmente en Mallorca.
De acuerdo con distintas investigaciones, estos activos habrían funcionado como un resguardo financiero frente a posibles crisis políticas en Teherán. Las inversiones inmobiliarias en Europa permitían diversificar el patrimonio y, al mismo tiempo, mantener fondos fuera del alcance de eventuales sanciones o cambios de poder dentro del país.
Otra parte del entramado financiero estaría vinculada a la estrecha relación entre Teherán y Venezuela. Durante años, ambos gobiernos habrían desarrollado mecanismos para mover capitales provenientes del petróleo y otras actividades, utilizando sistemas financieros alternativos que permitieran eludir restricciones internacionales.
Gran parte de la riqueza acumulada se atribuye a la organización conocida como Setad, creada originalmente para administrar bienes abandonados tras la revolución iraní de 1979. Con el paso del tiempo, ese organismo se transformó en un poderoso conglomerado económico con participación en múltiples sectores productivos.
La muerte de Khamenei abre ahora un interrogante sobre el destino de esta inmensa fortuna. Analistas sostienen que sus herederos y aliados políticos buscarán mantener el control de los activos dispersos en distintos países, lo que podría generar disputas legales y presiones internacionales en los próximos años.






