El presidente argentino Javier Milei no contempla escenarios alternativos si Donald Trump es derrotado en las elecciones de Estados Unidos, y mantiene relaciones congeladas con Luiz Inácio Lula da Silva y Pedro Sánchez.
Milei sale mañana rumbo a España, pero no para arreglar nada con Sánchez. El viaje forma parte de una agenda que sigue la misma lógica de siempre: relacionarse con los que comparten su visión del mundo y evitar a los que no. El problema es que esa estrategia lo deja muy expuesto si los resultados electorales en Estados Unidos no acompañan.
El presidente argentino construyó un esquema diplomático que gira alrededor de Trump, Netanyahu y otros líderes de la nueva derecha global. Son sus aliados visibles, los que aparecen en sus fotos y en sus discursos. Pero ninguno de ellos tiene garantizado el poder, y Milei no parece haber pensado demasiado en qué hacer si eso cambia. Con Lula, la relación está tan mal que ni siquiera hay gestos de acercamiento.
Esta postura genera interrogantes entre analistas y diplomáticos que ven a Argentina navegando aguas turbulentas sin brújula alternativa. Los organismos multilaterales, los acuerdos comerciales y hasta el financiamiento externo a veces dependen de vínculos que van más allá de las afinidades ideológicas. La información fue publicada por LA NACION.











