Estados Unidos volvió a endurecer su presión militar sobre Irán y elevó la tensión en una de las rutas energéticas más sensibles del mundo. El Comando Central estadounidense informó que sus fuerzas inmovilizaron dos buques petroleros en el Golfo de Omán e impiden el movimiento de decenas de embarcaciones que intentan entrar o salir de puertos iraníes.
Según comunicó el CENTCOM, las fuerzas norteamericanas desactivaron el M/T Sea Star III y el M/T Sevda antes de que ambos buques ingresaran a un puerto iraní, en el marco del bloqueo naval impuesto por Washington. Las embarcaciones, de bandera iraní, navegaban sin carga y buscaban llegar a Irán cuando fueron interceptadas.
La operación fue ejecutada por un caza F/A-18 Super Hornet desplegado desde el portaaviones USS George H.W. Bush, que atacó puntos específicos de las embarcaciones para dejarlas fuera de servicio e impedir que continuaran su trayecto. De acuerdo con la información difundida, las municiones fueron dirigidas contra las chimeneas de los buques, una maniobra orientada a inutilizarlos sin hundirlos.
El episodio se suma a una acción similar ocurrida días antes, cuando fuerzas estadounidenses inmovilizaron al M/T Hasna, otro petrolero de bandera iraní que intentaba llegar a un puerto del régimen persa. En ese caso, un F/A-18 Super Hornet del USS Abraham Lincoln inutilizó el timón del buque con disparos de cañón de 20 milímetros.
La Casa Blanca busca mostrar que el bloqueo no es solo una declaración política, sino una operación militar activa. Según CENTCOM, ninguno de los tres buques afectados continúa su tránsito hacia Irán y las fuerzas estadounidenses mantienen bajo control el movimiento marítimo en la zona.
La escala de la medida es significativa: Estados Unidos asegura que está bloqueando a más de 70 petroleros que intentan ingresar o salir de puertos iraníes. Esas embarcaciones tendrían capacidad para transportar más de 166 millones de barriles de petróleo, con un valor estimado superior a los 13.000 millones de dólares.
El objetivo de Washington es golpear directamente la principal fuente de ingresos de Teherán: la exportación de crudo. En un escenario de máxima tensión regional, el control sobre el petróleo iraní se convierte en una herramienta de presión económica, diplomática y militar.
Desde el Comando Central estadounidense defendieron la operación y aseguraron que las fuerzas desplegadas en Medio Oriente continuarán haciendo cumplir el bloqueo. El almirante Brad Cooper, jefe del CENTCOM, sostuvo que el personal militar norteamericano mantiene su compromiso con la misión y destacó el trabajo de las tropas en la región.
La respuesta iraní no tardó en llegar. El canciller Abbas Araqchi acusó a Estados Unidos de apostar por una “aventura militar” cada vez que aparece la posibilidad de una salida diplomática. Además, rechazó las evaluaciones norteamericanas sobre una supuesta reducción de la capacidad militar iraní y aseguró que el arsenal de misiles del país se encuentra “al 120%”.
El cruce profundiza la incertidumbre en el Golfo de Omán y en el estrecho de Ormuz, paso estratégico para el comercio mundial de energía. Cualquier escalada en esa zona puede impactar de manera directa en los precios internacionales del petróleo, en el transporte marítimo y en la estabilidad de Medio Oriente.
La ofensiva naval de Estados Unidos marca un nuevo punto de presión sobre el régimen iraní. Washington intenta cerrar el margen económico de Teherán, mientras Irán responde con advertencias militares y acusa a la administración estadounidense de sabotear la vía diplomática.
En los hechos, el bloqueo ya dejó de ser una medida preventiva para convertirse en una operación de fuerza sostenida. Con buques inmovilizados, decenas de petroleros frenados y dos potencias enfrentadas en una ruta clave del comercio energético global, el Golfo de Omán vuelve a quedar en el centro de una tensión internacional con consecuencias imprevisibles.










